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viernes, 15 de agosto de 2025

 

"When everything feels like the movies
Yeah, you bleed just to know you're alive"
- Go Go Dolls -

Siempre he tenido un umbral de dolor muy alto. Cuando era muy pequeña, sufrí una fiebre tan elevada, que para poder regular mi temperatura, mis padres tenían que sumergirme en una bañera con hielo. Desde pequeña, era común encontrar en mi piel moretones o cortadas que ni siquiera sabía que tenía ni en qué momento me las había hecho. Por fortuna, nunca he tenido un accidente grave, a mis cuarenta y tres años mis huesos están enteros y salvo aquellas puntadas requeridas obligatoriamente debido a una cirugía, jamás he necesitado una costura en el cuerpo. Podría considerarme afortunada, pero la falta de estímulos para sentir el dolor también puede ser peligrosa, porque ¿qué puedo hacer en materia de prevención si no siempre soy capaz de reconocer el dolor? ¿Qué impide que mi cuerpo se deteriore tras una lesión si ni siquiera noto que estoy herida? Mientras más envejezco, más conectada me siento conmigo misma: cuerpo, mente, espíritu. Pero he aquí la complejidad: Mientras soy capaz de soportar altos niveles de dolor sin darme cuenta, emociones como el miedo, la tristeza o la alegría, las vivo con una intensidad extrema, profunda y a veces, hasta abrumadora. Cuando una emoción me invade, no hay manera de no experimentarla con cada fibra de mi ser. Y esto también es peligroso. Porque cuando no se es capaz de controlar las emociones, se corre el riesgo de experimentar pensamientos y emociones mixtas o contradictorias, lo que añade más complejidad a la experiencia. Y por lo tanto, se pueden llegar a cometer muchos errores. Con todo, no lo he hecho tan mal. No me arrepiento de las decisiones que he tomado. Me arrepiento, sí, de acciones muy concretas: gritar cuando debía guardar silencio, o haber guardado silencio cuando lo que tenía que hacer era hablar. Dejar para después cosas que pude haber hecho en cierto momento. O haber lastimado sin querer en algún punto a quien amo. Tampoco me vivo culpando por ello. Ya no. Cuando cometo un error, pido perdón, lo corrijo y sigo adelante. Trato de ser siempre una mejor versión de mí. Aunque hay en mi interior una desregulación evidente, no me dejo arrastrar por la pesadumbre o el pánico. Más bien trato de aceptarme en cada momento, entender que la vida es una espiral que gira, que las herramientas con las que contamos hoy no son las mismas con las que contamos mañana. Cada experiencia, cada sensación, cada sentimiento es único e irrepetible. No hay mejor manera de sentirse feliz que decidir estar feliz. A pesar de los defectos, los errores, los fracasos, los eventos inesperados y terribles. La vida es maravillosa. No nos queda más que disfrutarla mientras podamos y compartir en el camino esta increíble magia.





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