He perdido el ritmo involuntariamente. Trabajo, imprevistos, cambios de rutina, todo ha jugado en mi contra. Veo las palabras detrás de una vitrina impenetrable. Pero me resisto. Busco todas las grietas posibles, cualquier fisura que me permita filtrarme. Porque este es mi deseo: hundir la poesía en la carne.
Desde los blancos pájaros
hasta la escoba azul
de día o de noche
gritan los espíritus
sus voces magníficas
rodean la Tierra
y es en el agua
donde me regocijo
me atrevo a saltar la cuerda
para hacer girar la angustia
para lograr que vibre
el antiguo esqueleto.
No sé bien de dónde vienen estas imágenes, pero llegan a mí como parvada o manantial. Llueven en mis ojos desde adentro. Invocan nuevas figuras, rompen el silencio, me desatan.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Deja tu comentario