Tras un breve, aunque maravilloso periodo vacacional, con la carga de actividades frente a mí de regreso a la rutina, me encuentro navegando contra corriente, intentando encontrar la calma en un mar furioso y agitado. Siento que si solo me dejo llevar, la marea me arrastrará más adentro, pero quizá no sea así. Tal vez solo necesito convertirme en una con el agua salada y dejarme mecer por las olas, consciente de que donde sea que me lleven, seguirá siendo un sitio agradable y seguro. En esa paz será más fácil reestablecer la conexión y habitarme. Después de todo, yo soy el espacio.
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