Páginas

Mostrando entradas con la etiqueta Cartas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cartas. Mostrar todas las entradas

viernes, 16 de enero de 2026

Para J.E.



I

Te escribo porque no sé nombrarlo. No siempre comprendo el lenguaje de tus pupilas, traviesas, acuosas. Mis ojos no saben mirar otros ojos. Nos descubro entonces visiblemente alejadas, cada una en su propia constelación. Cada una resistiendo sus propias batallas.

II

Te escribo porque no sé nombrarlo. Continuamente se me enreda la lengua entre espinos. Tus silencios se unen a mis silencios. Sangras, sangro. Nos llueven plumas de pájaro. Crecer nos duele y el dolor se refleja en las pupilas. Nos descubro entonces increíblemente cerca una de la otra. Como si un mismo ritmo nos acompañara desde siempre.

III

Te escribo porque no sé nombrarlo. A veces tampoco sé nombrar lo que siento. Te veo y me veo a mí misma. Más fuerte, más valiente, más llena de vida. Una mejor versión. Volar no es un sueño, es una posibilidad real. Semillas de girasol en ciernes. En el contorno de los pétalos brillas, creces, te esparces. En el filo de los pétalos, somos una.

martes, 11 de febrero de 2025

Querido hijo

En este mundo nadie es perfecto. A veces nos equivocamos y ese error nos duele. El dolor nos hace llorar y sentir tristeza.  Pero eso es precisamente lo que nos convierte en humanos. Así que no temas equivocarte. Levántate y sigue tu camino. Sigue intentando. La luz llegará a ti, búscala con vehemencia en cada rincón, en cada suceso que experimentes. Yo estaré siempre contigo. Si sientes miedo, invoca a Dios. Y la respuesta que buscas resplandecerá ante tus ojos. Te amo, nunca lo olvides.

jueves, 5 de marzo de 2020

Cartas a J.E.

Querida hija

Estoy imaginando cómo me gustaría que fueras cuando seas adulta. Lo que mi corazón desea para ti. Ahora mismo te imagino radiante y hermosa, con esa sonrisa pícara que tienes enmarcando tu rostro. Tu inteligencia y capacidades desarrolladas al máximo. Te imagino fuerte, valiente y atrevida. Lo que más deseo para ti, es que no sientas miedo de ser quien eres, que te puedas expresar libremente sin temor al rechazo, sin que sientas culpas que no te corresponden. Que seas tú misma y te sientas orgullosa de eso. Quiero que tu futuro sea brillante, con muchas puertas. Y que tú tengas la capacidad para elegir la puerta que más quieras y te guste, sin que nadie te condicione o te ponga límites. Deseo que te sientas amada y valiosa, que te quieras a ti misma lo suficiente como para sentirte plena, tengas o no a alguien a tu lado. Que nunca pierdas ese toque de bobería que a veces usas cuando estás contenta y con el que esparces tu alegría a los demás. Que nunca pierdas y potencialices tu maravillosa capacidad para amar. Deseo que explores el mundo a la medida de tus pasos. Deseo que te propongas metas y que las logres, que hagas lo que te gusta, aquello que te haga sentir libre y feliz. Quiero que seas poderosa, que creas en ti y que no dejes que ningún comentario negativo te quite tu poder. Que no tengas miedo de equivocarte. Y que si te equivocas, te levantes e intentes otra vez o inventes cosas nuevas. Quiero que sueñes, que vueles y que aterrices cada vez que desees hacerlo y puedas alzar el vuelo otra vez. Que rías mucho, que llores poco. Que resistas al dolor pero no lo busques, que no dejes que te lastimen. Que aprendas de las caídas y te vuelvas más fuerte con ellas. Que no te enganches por errores del pasado. Que sigas caminando siempre hacia adelante. Que cuando tengas dudas, te acerques a Dios, sea cual sea tu concepto de él. Quiero que ames la vida, tu vida, y que la disfrutes al máximo. Quiero que ahora y siempre sepas que te amo.

jueves, 5 de diciembre de 2019

Querida abuela

Veo tu fotografía y pienso en lo que no supe de ti, a qué jugabas cuando eras niña, cuál fue el primer libro que leíste, cuál fue el miedo más profundo que habitó en tu corazón. Me gustaría preguntarte quién robó tu primer beso y cómo fue para ti el día en que saliste de la iglesia del brazo de mi abuelo. Me gustaría contarte lo mucho que me gustaba hornear pasteles juntas y pasear por la orilla de la playa con el agua en los tobillos. Pero ya es tarde. El tiempo de preguntas y respuestas ha caducado y nunca sabré las respuestas. Eso sí, guardaré en mi corazón todas las dudas y te las compartiré cuándo volvamos a vernos del otro lado de la bruma.

miércoles, 4 de diciembre de 2019

Cartas a J. E.

Hija mía

He intentado llegar a ti sin éxito. Hoy lo intentaré de otro modo. Lo intentaré de la única forma de comunicarme que conozco: la poesía. Necesito decirte que te amo, pero sobre todo, que entiendas el mensaje.

sábado, 30 de noviembre de 2019

Cartas a J. E.

Querida hija

Entiendo que necesitas mi atención y mi cariño, pero sobre todo, mi paciencia. Yo necesito aprender a amarte, para educarte de una mejor manera, para no caer en el error de la barbarie, para no herirte con mis propias violencias.

lunes, 11 de noviembre de 2019


Siempre es tarde cuando queremos despedirnos y decir lo que nunca dijimos. No puedo explicar el nudo que se formó en mi garganta cuando mi padre me dio la noticia. Un nudo que sigue aquí adentro y no sé cuando se pueda desatar. Sentí como si mi corazón también se hubiera detenido por un momento. Todavía sigue suspendido en la nada, como si no latiera, como si no estuviera. Los pensamientos, siempre rápidos en mi mente, se mueven ahora con una lentitud dolorosa.

Te quiero tanto abuela, te extraño tanto ya. Y lo peor es que no sé qué más decirte. Hay tanto que quiero hacerte saber pero las palabras están atoradas en mi interior. En cuanto intento sacarlas me cortan por dentro como una navaja.

Estoy tranquila. Agradecida contigo por todo lo que me diste y me enseñaste. Por el amor tan intenso que siempre me tuviste. Agradecida con Dios por habernos permitido pasar tanto tiempo juntas y por los muchos años que te dejó estar entre nosotros. Estoy tranquila, porque sé que ya no te aquejan más dolores ni más angustias, porque finalmente estás descansando y como tu misma dijiste antes de marcharte, reunida ya con mi abuelo y con tu madre.

Pero tu ausencia duele, duele mucho abuela. Duele como mil fuegos ardiendo en mi corazón.
Me despido de ti por ahora, hasta que volvamos a encontrarnos para hornear galletas y pasteles o caminar de nuevo por la orilla de la playa para recoger conchas marinas.

Te Amo, siempre te amaré.

viernes, 11 de enero de 2019

Cartas a J.I.

Cuando te veo me maravillo. Me impresiona la luz que irradian tus ojos desde tu nacimiento. Una luz inocente, llena de conocimiento y curiosidad. Antes de que llegaras tuve mucho miedo. Después tuve mucho más. Cada día creces en belleza y en sabiduría. Me aterra no saber qué decirte cuando me hagas una pregunta. Intuyo que muchas de mis respuestas no te gustarán. La vida no es fácil, tesoro. La vida se pierde y se gana todos los días, en cientos de pequeñas cosas. Tengo esperanza en que poco a poco aprenderás. Le ruego a Dios que te permita ver para saborear cada victoria y saberte valioso aún en las derrotas. No lo olvides, a cada paso que des, yo estaré a tu lado.

miércoles, 21 de noviembre de 2018

Te fuiste un 10 de noviembre. Sin despedirte. No te di las gracias por tu paciencia, por tu amor, por tus sabios consejos. Con todo, me siento tranquila. Imagino que estás contenta, reunida ya con tus padres, con mi abuelo, con todas las personas a las que tuviste que decir adiós, como lo hago ahora yo contigo.

Te lo digo tarde, pero con la esperanza de que de todas formas recibas el mensaje: Abuela querida, te amo. Y jamás te voy a olvidar.

martes, 6 de noviembre de 2018

Te vi después de no sé cuanto tiempo. Y me dolió verte. Te recuerdo fuerte, animosa, regañona. Pero tu voz hoy fue otra. Una voz gutural, incomprensible. Tu rostro también fue otro: sin dientes, deforme. Ni siquiera me reconociste... Un pensamiento oscuro me invade. Desearía no tener que prepararme para un adiós.

miércoles, 22 de agosto de 2018


Querida Hermana:

No fue un feminicidio, pero tu muerte fue la más espantosa de las muertes. Caíste herida por una lluvia de balas que llegaron sin saber de dónde. Los tiros fueron certeros. No sólo te robaron la vida, te robaron también los sueños recién cumplidos. Esos sueños que muchas veces compartiste con nosotros, aunque no llevábamos tu sangre.

Caminamos juntas no sé por cuanto tiempo: años, siglos, el tiempo no importa cuando buscas la luz.

Tú estabas acostumbrada al dolor, la muerte trató de besarte antes, pero sobreviviste a ti misma. En cambio, la soledad te daba miedo. Al menos al morir no estabas sola. 

No supe de ti por un buen tiempo. En todo momento te recordaba alegre, hermosa por fuera y por dentro. Así quiero recordarte, aunque confieso, por mucho tiempo me perseguirá ese rostro, tu mirada azul fija para siempre en la nada, el pastoso rojo plasma en los asientos de una camioneta.

Cierro los ojos, desecho ese recuerdo. Te evoco feliz y radiante, danzando todavía junto al altar.

Desde aquí te mando un abrazo sororal, mi deseo de que sonrías colmada de amor junto al que todo lo puede, en la infinitud; mi deseo de llevarte profundamente en el alma, por siempre.

D.E.P.Q.C.

jueves, 1 de marzo de 2018

Cartas a J.I.

Empiezas a crecer. Ahora lo cuestionas todo. Quieres seguir tus propias reglas. Yo empiezo a morderme las uñas, a tirar de mis cabellos. No lo sabes todo. Yo tampoco lo sé todo. Por eso me aterra que me lleves la contraria. Te perdí (si es que alguna vez te tuve) el día en que saliste de mi vientre. Pero no quiero que te pierdas a ti mismo jamás. Es necesario que conozcas los sabores agridulces de la vida, tesoro. Es necesario que te raspes las rodillas, que tus manos se cansen de labrar cosas nuevas. No quiero que sufras, más en el dolor es que se encuentra y valora la alegría. A veces es preciso contemplarlo. Nunca olvides lo mucho que te amo. Aunque el tiempo nos divida, seguiré tus pasos. Te perseguiré en sueños. Intentaré protegerte con todas mis fuerzas. Intentaré que seas mejor de lo que yo he sido.

martes, 16 de enero de 2018

Existirás (aún existes)

Para mi abuelo Pepe

En mi mente
en la bruma del tiempo
en los recuerdos compartidos
en los sueños
en el amor
en el infinito filo de las olas que chocan contra el muelle de Corpus
en mi alma

lunes, 15 de enero de 2018

Carta póstuma para un fugitivo

Para mi abuelo Pepe, que ya no sale a fumar bajo el nogal

Los poemas me han quedado cortos para escribir sobre tu huella en el tiempo. Apenas es enero y siento que ya vivimos muchos octubres. El germen de la Vid merodea mis campos, sus sonrisas despejan el miedo que nos ataca por las noches. Tu vacío nos duele y se intensifica adentro. Nunca nada nos preparó para esto. Aunque las personas insistan en decir que la gente vieja se va primero. Nunca, nada, nos prepara para estas cosas. Nunca encontramos suficiente consuelo cuando suceden.

Tenía dos años cuando me sostuviste en tus brazos y pensaste que Alejandra sería el vals perfecto para mí, para cuando llegara a la edad de quince años. Tengo ahora treinta y seis, Alejandra sigue dando vueltas en mi mente, tus ojos siguen dando vueltas en mi mente.

¿Recuerdas el olor del mar? ¿El sonido que hacían las olas al chocar contra el muelle? Yo recuerdo todas las veces que estuvimos en la playa. Te quedabas de pie en el más alto de los escalones, pantalón y guayabera puestos. Te los quitabas un momento nada más, treinta minutos. El tiempo suficiente para nadar mar adentro y perderte casi por completo en el azul del agua. Después caminabas en la arena descalzo, aspirabas la brisa, cerrabas los ojos. Cerraba los ojos yo también. Sabía que faltaba poco tiempo para despedirse. Así que me sumergía en el agua de nuevo, contaba las olas, contaba las nubes, el tiempo que tardaba el sol en desaparecer.

Te fuiste como ese astro que antes de abandonarnos se suspende unos minutos entre el cielo y el océano. Dorado excelso.

Hay noches en las que te sueño con esa sonrisa traviesa en los labios. Me aseguras que no te has ido para siempre. - Me urgía fumar un cigarrillo-, rezongas. Me dices que por eso te fugaste solo, te fuiste a la playa donde nos esperas, sumergido en el agua, contando las olas, contando los años, contando el tiempo en que tardan en arder todos los soles, hasta que volvamos a reunirnos de nuevo en ese punto donde terminan todos los escalones.