“Alguien podrá quizás
entreabrir puertas,
ver más allá
promesas, sucesiones”.
- Ida Vitale -
Intento romper el vidrio, salir de la jaula, abrir los pulmones y dejar que el aire pase suavemente. A veces las cosas se ponen difíciles, situaciones fuera de mis manos o bien rasgaduras internas, impiden el vuelo. Por fortuna siempre he sido terca. Tiendo a hacer lo que me dicen que no puedo hacer. Incluso si me lo digo yo misma. Constantemente soy contradicción y locura. Quizá es por eso que de una u otra forma, al final logro salir del laberinto. No hay modo de que pueda detener la vorágine que el inicio del periodo escolar trae consigo, pero puedo convertirme en nieve, unirme al canto de las aves, ser el polvo que irrumpe aunque las puertas permanezcan cerradas.
Tenía tiempo que no acudía a una actividad literaria. No por falta de ganas, sino de tiempo. Hoy se conjugaron los astros. Tuve la oportunidad de asistir a la lectura de la obra de Blanca Varela: “Digo isla y pienso en mar”, convocada por el Grupo Literarios de N.Laredo Cosecha de Letras. Acudir al evento fue una sabia decisión. No sólo porque los poemas de Blanca me parecen potentes y hermosos, sino porque en medio de las rondas de lectura, nos convidaron a realizar una bonita dinámica. Quienes leyeron poemas, nos compartieron las frases que más les impactaron y a partir de ahí, había que echar mano de la creatividad y hacer un nuevo poema. Las frases que teníamos que usar en nuestro equipo eran estas:
Es extraño cómo la mente se queda en blanco por cierto tiempo. A veces son tantas las imágenes que me bombardean que no puedo centrar mi atención en una sola, así que desaparecen temporalmente. Esto bien podría atribuirse a la edad. Pero yo recuerdo experimentar este tipo de vivencia desde niña. Es como si por un momento me desconectara de la realidad (al menos la que conocemos) sin perder conciencia de que sigo aquí. Como una especie de descarga. Luego me activo de nuevo, todo lo que tenía en mente encuentra sitio, mi interior se reorganiza, respiro profundamente y sigo. La música siempre actúa como vehículo para volver. Es el ancla más fuerte que conozco, por eso repito canciones una y otra vez en mi cabeza, a manera de mantra. Hoy me persigue “Butterfly's Sleep”:
"Por favor levántate de entre los muertos en la tierra
Después del verano siempre aparece en mi camino una montaña. Oscilo entre la paz, el burbujeo de energía y el estrés, el conteo de monedas, el inventario de útiles escolares, la reorganización de todo. A ratos, me invade una extraña nostalgia, cierta energía oscura que lejos de marchitarme me devuelve a mi esencia más pura. Las palabras llegan de la nada, me bombardean a manera de imágenes. Nace en mi cuerpo una tibia calidez. Me crecen poemas como ramas. Me voy de mí misma y regreso, la realidad me golpea el rostro como una ráfaga de viento. Vuelvo a la faena, entierro la nariz en una larga lista de pendientes: depuración de ropa, limpieza profunda, uniformes, cuadernos... La luna corona la noche, regresan las sombras, regresa esa energía oscura que hace que mi corazón palpite con fuerza. Me siento frente al ordenador. Me pongo a escribir.