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sábado, 23 de agosto de 2025



“Alguien podrá quizás
entreabrir puertas,
ver más allá
promesas, sucesiones”.
- Ida Vitale -


A veces juego con poemas ajenos, los leo una y otra vez hasta destriparlos. Intento llegar a la médula, su verdadero significado. Me gusta saber que existo en otras islas, visitarlas de vez en cuando. Fue Wilde quien me mostró el camino hacia la cueva, por medio de un rastro de pétalos y sangre. El canto del ruiseñor marcó la equis y a partir de ahí, me persiguen las mariposas. Las palabras se volvieron puente permanente entre todos los mundos. No hay forma de esquivar a las libélulas. Por alguna razón, no son sólo lunas y estrellas las que aparecen en el mapa, también nacen soles y un extraño bestiario. Aunque a veces nos golpeé la tormenta, no dejaré de seguir las huellas. Arrojaré semillas a cada paso. Tal vez mañana, alguien encuentre las migajas y quiera visitar mi isla.

 

viernes, 22 de agosto de 2025

 


Intento romper el vidrio, salir de la jaula, abrir los pulmones y dejar que el aire pase suavemente. A veces las cosas se ponen difíciles, situaciones fuera de mis manos o bien rasgaduras internas, impiden el vuelo. Por fortuna siempre he sido terca. Tiendo a hacer lo que me dicen que no puedo hacer. Incluso si me lo digo yo misma. Constantemente soy contradicción y locura. Quizá es por eso que de una u otra forma, al final logro salir del laberinto. No hay modo de que pueda detener la vorágine que el inicio del periodo escolar trae consigo, pero puedo convertirme en nieve, unirme al canto de las aves, ser el polvo que irrumpe aunque las puertas permanezcan cerradas.


No hay rincón
al que no pueda entrar
mi oscuridad
entre más profunda la herida
más profunda la palabra
mayor el deseo
de crear estrellas
y encender poemas
con los labios

jueves, 21 de agosto de 2025


He perdido el ritmo involuntariamente. Trabajo, imprevistos, cambios de rutina, todo ha jugado en mi contra. Veo las palabras detrás de una vitrina impenetrable. Pero me resisto. Busco todas las grietas posibles, cualquier fisura que me permita filtrarme. Porque este es mi deseo: hundir la poesía en la carne.

Desde los blancos pájaros
hasta la escoba azul
de día o de noche
gritan los espíritus
sus voces magníficas
rodean la Tierra
y es en el agua
donde me regocijo
me atrevo a saltar la cuerda
para hacer girar la angustia
para lograr que vibre
el antiguo esqueleto.

No sé bien de dónde vienen estas imágenes, pero llegan a mí como parvada o manantial. Llueven en mis ojos desde adentro. Invocan nuevas figuras, rompen el silencio, me desatan.

 

lunes, 18 de agosto de 2025




Durante años viví cautiva exclusivamente de emociones y pensamientos. Poco me daba cuenta de lo que sucedía alrededor. Percibía lo básico, lo que me permitía desenvolverme de manera funcional en el mundo, pero obviaba los detalles. Era muy difícil centrar mi atención en lo que pasaba en mi cuerpo. Lo único que sí podía ver con claridad y de una forma en que me afectaba demasiado, era la deformidad. O lo que yo creía que era una deformidad. Odiaba mi peso, así que luché contra él de distintas maneras, la mayoría de ellas muy poco saludables: Dietas extremas, ejercicios rigurosos, anorexia, bulimia. Pasó mucho tiempo antes de que empezara a apreciar las curvas y cicatrices de mi cuerpo, su belleza. La escritura siempre ha sido un puente para crear conexiones externas e internas. Sin duda ha sido una de las medicinas más efectivas para ayudar en este rubro y seguirá siendo mi píldora diaria para tejer raíces. Recientemente he tratado de añadir a esta práctica la acción de pequeñas tareas que impliquen procesos más orgánicos, lo que ha dado como resultado una sensación de bienestar, pero sobre todo, que ha abierto los canales de conexión entre mis pensamientos, mis sentimientos y las sensaciones físicas. Esto me ha permitido tener mayor consciencia de mi biología, amar a consciencia la cartografía de mi cuerpo, aceptar cada pequeña mancha, ruptura o arruga que acompaña mi piel. En suma, sentirme más feliz y completa. Y por ende, el deseo de seguir buscando el equilibro en todos los aspectos. Por supuesto, sin olvidar nunca que soy tanto luz como sombra.

“Se retuerce la noche en la entraña de mil pájaros de aire.
Me extravío entre la carne y los sueños”
- Betsimar Sepúlveda -

sábado, 16 de agosto de 2025

Digo isla y pienso en mar

Tenía tiempo que no acudía a una actividad literaria. No por falta de ganas, sino de tiempo. Hoy se conjugaron los astros. Tuve la oportunidad de asistir a la lectura de la obra de Blanca Varela: “Digo isla y pienso en mar”, convocada por el Grupo Literarios de N.Laredo Cosecha de Letras. Acudir al evento fue una sabia decisión. No sólo porque los poemas de Blanca me parecen potentes y hermosos, sino porque en medio de las rondas de lectura, nos convidaron a realizar una bonita dinámica. Quienes leyeron poemas, nos compartieron las frases que más les impactaron y a partir de ahí, había que echar mano de la creatividad y hacer un nuevo poema. Las frases que teníamos que usar en nuestro equipo eran estas:

“Tu propia sombra
fue tu única y desleal competencia.
“Vuela la mano, nace la línea,
vibrante destino, negro destino”.
“Tú eres la flor que ladra”.
“El sol es un agujero en el cielo”.
“La rosa de grasa que envejece
en su cielo de carne”.
Después de diez minutos de nervios y temblores internos, este fue el resultado que obtuve:
Tenías miedo de ser la sombra
hacer volar las palabras
desatar los ladridos
no te diste cuenta
hasta muy tarde
no eran flores marchitas en tus manos
era el sol mismo desvistiéndose adentro
la plenitud de los pétalos
el “cielo de carne” floreciendo
en el umbral de la línea.
Agradezco a Elvira Cruz Osorio por sacarnos de nuestro escondite y enseñarnos a vivir las letras desde una nueva perspectiva.

viernes, 15 de agosto de 2025

 

"When everything feels like the movies
Yeah, you bleed just to know you're alive"
- Go Go Dolls -

Siempre he tenido un umbral de dolor muy alto. Cuando era muy pequeña, sufrí una fiebre tan elevada, que para poder regular mi temperatura, mis padres tenían que sumergirme en una bañera con hielo. Desde pequeña, era común encontrar en mi piel moretones o cortadas que ni siquiera sabía que tenía ni en qué momento me las había hecho. Por fortuna, nunca he tenido un accidente grave, a mis cuarenta y tres años mis huesos están enteros y salvo aquellas puntadas requeridas obligatoriamente debido a una cirugía, jamás he necesitado una costura en el cuerpo. Podría considerarme afortunada, pero la falta de estímulos para sentir el dolor también puede ser peligrosa, porque ¿qué puedo hacer en materia de prevención si no siempre soy capaz de reconocer el dolor? ¿Qué impide que mi cuerpo se deteriore tras una lesión si ni siquiera noto que estoy herida? Mientras más envejezco, más conectada me siento conmigo misma: cuerpo, mente, espíritu. Pero he aquí la complejidad: Mientras soy capaz de soportar altos niveles de dolor sin darme cuenta, emociones como el miedo, la tristeza o la alegría, las vivo con una intensidad extrema, profunda y a veces, hasta abrumadora. Cuando una emoción me invade, no hay manera de no experimentarla con cada fibra de mi ser. Y esto también es peligroso. Porque cuando no se es capaz de controlar las emociones, se corre el riesgo de experimentar pensamientos y emociones mixtas o contradictorias, lo que añade más complejidad a la experiencia. Y por lo tanto, se pueden llegar a cometer muchos errores. Con todo, no lo he hecho tan mal. No me arrepiento de las decisiones que he tomado. Me arrepiento, sí, de acciones muy concretas: gritar cuando debía guardar silencio, o haber guardado silencio cuando lo que tenía que hacer era hablar. Dejar para después cosas que pude haber hecho en cierto momento. O haber lastimado sin querer en algún punto a quien amo. Tampoco me vivo culpando por ello. Ya no. Cuando cometo un error, pido perdón, lo corrijo y sigo adelante. Trato de ser siempre una mejor versión de mí. Aunque hay en mi interior una desregulación evidente, no me dejo arrastrar por la pesadumbre o el pánico. Más bien trato de aceptarme en cada momento, entender que la vida es una espiral que gira, que las herramientas con las que contamos hoy no son las mismas con las que contamos mañana. Cada experiencia, cada sensación, cada sentimiento es único e irrepetible. No hay mejor manera de sentirse feliz que decidir estar feliz. A pesar de los defectos, los errores, los fracasos, los eventos inesperados y terribles. La vida es maravillosa. No nos queda más que disfrutarla mientras podamos y compartir en el camino esta increíble magia.





 


Es extraño cómo la mente se queda en blanco por cierto tiempo. A veces son tantas las imágenes que me bombardean que no puedo centrar mi atención en una sola, así que desaparecen temporalmente. Esto bien podría atribuirse a la edad. Pero yo recuerdo experimentar este tipo de vivencia desde niña. Es como si por un momento me desconectara de la realidad (al menos la que conocemos) sin perder conciencia de que sigo aquí. Como una especie de descarga. Luego me activo de nuevo, todo lo que tenía en mente encuentra sitio, mi interior se reorganiza, respiro profundamente y sigo. La música siempre actúa como vehículo para volver. Es el ancla más fuerte que conozco, por eso repito canciones una y otra vez en mi cabeza, a manera de mantra. Hoy me persigue “Butterfly's Sleep”:

"Por favor levántate de entre los muertos en la tierra
con mi último beso".


Y al decir "kissu" despierto de la ensoñación. Mi corazón palpita de nuevo, la sangre viaja serena por mis venas, el martilleo de imágenes me invade otra vez.

jueves, 14 de agosto de 2025

 



"Blue Forever" se repite una y otra vez en mi cabeza. La potente voz de NoB genera energía, como una luz radiante proveniente del cosmos. Se instala en mis entrañas y no puede salir de ellas. Fue así cada vez que escuché sus canciones. Y así será cada vez que las escuche de nuevo. Aunque no vuelva a pisar un escenario. Porque él fue de esos artistas que nacen para brillar y hacer estallar estrellas. De esas voces que no se olvidan, que te dejan cicatrices.

“Ah, no olvidaré ese azul que brillará por siempre aquí”.
- Make-Up - 

miércoles, 13 de agosto de 2025

 


El estrés y la fatiga no son buenos aliados. Mi cabeza ha estado llena de ellos en los últimos días. Es curioso cuán rápido se agota la energía y cuánto tiempo nos cuesta recuperarla. Quisiera visitar un sueño en el que la paz esté presente para que se impregne en mi cuerpo. Despertar con nuevos bríos. No es que no pueda con esto, intento escribir lo que me duele para sanar. La escritura siempre ha sido un generoso puente hacia la alegría. Así que este es mi “cuaderno de todo”. Intento también mantener un ritmo constante. Ser fiel conmigo misma. Compartir mis pensamientos hace que sea más fácil llegar a la superficie y volver a respirar.

“Pasando por el mundo real,
si cierro los ojos, me extenderé”
- L’ Arc en Ciel -

No hay lugar aquí para las sombras, yo soy la sombra. Y soy la luz que se expande por el infinito vacío.

martes, 12 de agosto de 2025

 

Después del verano siempre aparece en mi camino una montaña. Oscilo entre la paz, el burbujeo de energía y el estrés, el conteo de monedas, el inventario de útiles escolares, la reorganización de todo. A ratos, me invade una extraña nostalgia, cierta energía oscura que lejos de marchitarme me devuelve a mi esencia más pura. Las palabras llegan de la nada, me bombardean a manera de imágenes. Nace en mi cuerpo una tibia calidez. Me crecen poemas como ramas. Me voy de mí misma y regreso, la realidad me golpea el rostro como una ráfaga de viento. Vuelvo a la faena, entierro la nariz en una larga lista de pendientes: depuración de ropa, limpieza profunda, uniformes, cuadernos... La luna corona la noche, regresan las sombras, regresa esa energía oscura que hace que mi corazón palpite con fuerza. Me siento frente al ordenador. Me pongo a escribir.

lunes, 11 de agosto de 2025

 



Tras un breve, aunque maravilloso periodo vacacional, con la carga de actividades frente a mí de regreso a la rutina, me encuentro navegando contra corriente, intentando encontrar la calma en un mar furioso y agitado. Siento que si solo me dejo llevar, la marea me arrastrará más adentro, pero quizá no sea así. Tal vez solo necesito convertirme en una con el agua salada y dejarme mecer por las olas, consciente de que donde sea que me lleven, seguirá siendo un sitio agradable y seguro. En esa paz será más fácil reestablecer la conexión y habitarme. Después de todo, yo soy el espacio.