Deseo escribir, pero nada me viene a la cabeza.
Me siento en un bucle infinito de blancura, como un limbo. No estoy aquí ni en ninguna parte.
La desregulación no me permite concentrarme. Necesito una ruta.
El tiempo avanza en mi contra.
El stimming me invade ojos y manos, incluso los dedos de los pies.
Frustración.
Algo como fuego quema en mi pecho.
"A algunas cosas hay que nombrarlas porque si no, no existen; a otras hay que callarlas, para que no sean. Hay que nombrar las nubes. El cielo. Cada uno de los pájaros, cada uno de los yuyos. A veces hago ese experimento: camino y trato de nombrar todo lo que veo. Las hojas de un matorral al que no le conozco el nombre, un poste del alambrado, una varilla, las huellas que dejan en el barro los tractores a la mañana." - Federico Falco -
Es así como nombro todo lo que siento, todo lo que me provoca miedo o asombro: el vacío, el deseo, la satisfacción. Preguntas y respuestas. Hitos de la carne y las letras. Lo prohibido.
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