Ardo en el bucle,
me desato las cuerdas,
abrazo el rayo.
El aroma de la orquídea me rodea.
No hay silencios ni gritos,
hay calma,
hay fuego y furia,
aullidos.
No es el vuelo del pájaro,
son sus huesos fundiéndose
al ritmo de la música
en mi propio esqueleto.
Transmutación viva,
espejo.
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