No es siempre la calma, a veces es la tormentosa lluvia en mi cabeza. Nidos de pájaros. Telarañas. Densa neblina. La claridad es un alfiler en medio del océano. Intento centrar la mirada en un punto. Duele. Como si la punta del alfiler se clavara en mi nuca cientos de veces, simultáneamente. Lo que hago entonces es cerrar los ojos y respirar profundamente. Drenar emociones escribiendo.
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