Hay un vacío que insiste en colarse en los huesos. Ya no me asusta, aunque sí es agotador. No es otra cosa que el exceso de estímulos, la incapacidad de filtrar emociones por atender las necesidades reales y prioritarias del entorno. Es preciso practicar la paciencia. Ya habrá tiempo de escuchar una canción en bucle, escribir hasta que la muñeca me duela o ver series hasta que se me cierren los ojos. Hoy es tiempo de llenar de aire los pulmones, sumergirse en el agua e iniciar la brega.
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