Octubre y el otoño, siempre vienen acompañados de nostalgia: un suave palpitar del corazón que se enciende como un sol anaranjado en mi pecho. Hay días en que deseo lluvia; en cambio otros, quiero viento libre en mis mejillas. La música del piano, el violín y la guitarra no pueden faltar. Una voz clara y potente inyecta energía en mis venas, las aplasta. El ciclo vuelve a comenzar. Los deseos suben por la garganta. Los pájaros hacen nido en mi vientre. Me vuelvo agua, sangre que fluye en las arterias. Poema infinito.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Deja tu comentario