Reconozco que soy obsesiva. Revisar dos veces si cerré bien la puerta, si apagué la estufa, me es cotidianamente normal. Con todo, intento no preocuparme demasiado, moverme, ocuparme, cantar a todo pulmón, reír a carcajadas, abrigarme en los días fértiles, disfrutar de la soledad y sus beneficios, contemplarme en el espejo con la satisfacción de haber cerrado ciclos e iniciar sueños y aventuras.
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