Es fácil romperse sin tirar siquiera de los cables. No hay un solo minuto en el que el cuerpo repose y se olvide de todo. Porque sí, hay días en qué una quiere borrar la lista de pendientes del refrigerador, quemar calendarios, dormir la siesta con las piernas extendidas, destrozar los relojes. Pero no se puede, la alarma está sonando y es imprescindible empezar la ruta: escuela, trabajo, despensa. Una extensa sucesión de puntos suspensivos...
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