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miércoles, 31 de diciembre de 2025


 

Mi cerebro funciona distinto. Cada día lo compruebo más. Hay muchas personas importantes en mi vida: Mi hija, mis hijos, mis padres, mi hermano, mi familia, amistades. Cada una de esas personas ocupa un sitio en mi mente y mi corazón de distinta forma pero permanente. De alguna manera, siempre les llevo conmigo, incluso si tenemos días o años sin vernos en persona o intercambiar palabras.

La mayoría de la gente, al concluir o iniciar el año, procura enviar saludos, desear parabienes y buenos deseos para el futuro. Yo no. Por lo menos no lo hago como un ritual rígido. No es que esto sea bueno o malo, simplemente para mí funciona de otra manera.

Por norma social, hay fechas concretas para todo: cumpleaños, navidad, fin de año, día del amor y la amistad, día de la madre, día del padre, etc. En mi mente, sólo hay días. Y cada uno de ellos es distinto. Hay días en que mi cuerpo y mente rebosan de energía, luzco risueña, parlanchina y atrevida. Otros días me envuelve un total mutismo. En días como esos, hay quienes piensan que estoy enojada o triste, pero no es así, simplemente estoy recargando baterías. Necesito silencio y soledad. Pero eventualmente, necesitaré volver al mundo y sus exigencias y por supuesto, compartir con otras y otros.

Por cuestión de salud, más que voluntaria, las últimas semanas las he pasado recluida en casa, descansando, recuperando energía. Me desconecté del mundo y las personas. Las festividades navideñas me han pasado casi de largo. A unos cuantos días de terminar el año por fin me siento otra vez yo. Comencé a hacer ejercicio y regresé a la lectura y la escritura. He reflexionado mucho también. En ese proceso me di cuenta de que mientras las demás personas conviven, se envían saludos y buenos deseos, yo he estado conectada conmigo misma. Pensé entonces en cómo esto puede hacerme parecer grosera o indiferente. Y tal vez lo he sido. Tal vez mi forma de ser ha provocado malestar, incomodidad, enfado o tristeza a alguien. Sin embargo no es mi intención. Como dije, para mí sólo hay días, días de silencio o ruido, días de luces y sombras. De cualquier forma, cada día es intenso y único. Cada día, todas las personas que son importantes para mí están en mi mente y mi corazón. Incluso si no están presentes, me acompañan, me alientan. Las abrazo y las amo. Me ayudan a ser quien soy. Aunque claro, pocas veces se los diga o lo demuestre.

Hoy es el último día del año, un día soleado y frío, un día de integración. Aprovecho esto para hacer a un lado mi falta de empatía cognitiva y disculparme por ella. Les doy gracias por haber estado ahí, por acompañarme, por sus buenos deseos. De todo corazón, espero que este 2025 concluya para ustedes con buena vibra, en compañía de quienes aman y que sea lo que sea que les traiga el 2026, venga acompañado de salud, éxitos y sobre todo muchos instantes maravillosos.

domingo, 28 de diciembre de 2025


Yo no sabía
que cuando cierras una puerta
se abre otra
que la luz del sol
puede ser transparente
y tibia
que cuando sueltas el miedo
los colores de la vida se esparcen
y multiplican
en nubes de pájaros.
Yo no sabía
que la música
no sólo puede acabar con los fantasmas
sino crear puentes entre una y el universo
una vereda amplia de oportunidades
para crear y crecer.
Yo no sabía
que pese a todas las caídas
siempre puedo levantarme.