Hoy me descubrí hundida en la niebla. No he de quedarme aquí, en el rincón de las heridas, no seré más la oscura sobreviviente. Caminaré descalza hasta tocar la punta del cielo y adentrarme en el laberinto de todo lo que puede ser posible. Usaré el lápiz como insulina, como espada de fuego ante las sombras, para que cada poema que escriba viva, brillante, como el oro.
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